Bahía de los Genoveses. Esperando al Otoño I

Se abre el telón

Al contrario que los osos, aquí en Almería no invernamos sino que “veraneaguantamos”. Latentes, buscando continuamente la sombra, agazapados en nuestras casas, “hidratándonos” en los bares o con el brebaje mágico del verano, el “gazpacho almeriense”.

Al caer la tarde, o como dicen por aquí “con la fresca”, vamos ocupando nuestro lugar en el escenario de las calles y plazas. Salimos al portal y no miramos hacia los lados, miramos hacia arriba para cerciorarnos que el astro rey se dirige ya a su morada. Lunáticos convencidos, deambulamos entonces buscando la brisa marina, las terrazas, el paseo marítimo, las ventanas siempre abiertas invitando a los escasos y tímidos movimientos del aire.

Otra opción es la mañana, la primerísima mañana, previa al estallido amarillo y el cantar de las chicharras… Se abre el Telón!

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Cala de los Amarillos

Una vez más…, es recurrente, parece una frase hecha, pero es también una certeza: El verano se niega a abandonarnos. Como un “okupa” instalado en nuestras latitudes, dormita en las calas del Parque Natural, en los mediodías de los pueblos de interior, en las noches de la ciudad impidiendo el suave recogimiento del cálido edredón. Así, los aficionados al senderismo,  miramos incrédulos día tras día en eltiempo.es la planitud de las isobaras, añoramos los picos de temperatura, rememoramos batallitas de los últimos otoños, inviernos…

Paparatzzis enojados, madrugamos para intimidar al verano, le despertamos al amanecer, fotografiamos cada gesto, cada rincón… pero nuestro invitado es inmutable, no se mueve ni un milímetro, sin parpadear nos desafía y deja en espera al “esperado” otoño, colgado y con el equipaje de mano en algún aeropuerto del clima: “Delayed”.

Insistiremos, de momento con un nuevo amanecer en la Bahía de los Genoveses… (click para ampliar)

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Amanecer en Los Genoveses

El pasado fin de semana tuve la oportunidad de asistir a un espectáculo de la Naturaleza, …y gratis!!!.

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Un amanecer no deja de ser un hecho común, constante, con una cadencia de 24 horas y así todos los días. Sin embargo, concentrados en su contemplación, un resorte atávico hace click! en nuestro interior e inevitablemente caemos sumidos en una especie de trance existencial que desemboca en esas grandes preguntas sin respuesta que acompañan al género humano desde el principio, desde el primero de los amaneceres.

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